
Úna y Vaccaro en el Café de la Ópera. 10·04·25
A continuación pongo la reseña de José Vaccaro Ruiz sobre
SÓLO UNA EXTRAÑA
El análisis hecho por José no sólo me deja sin palabras a mí, toda la audiencia siente lo mismo: escuchar o leer a Vaccaro es estar ante el fruto de la sabiduría y por tanto, disfrutar de un aprendizaje constante. Cómo él ama a la literatura así se lo transmite a los demás y hace que los demás la amen. Sus análisis son inteligentes y profundos, nada escapa a su ojo, ni el texto ni el subtexto, es un hábil diseccionador de textos y un forense de las almas. Muy afortunados quienes tenemos la suerte de ser leídos por él. Gracias eternas, José.
José Vaccaro Ruiz es arquitecto y abogado. Escritor y poeta. Comisario del Festival de Novela Negra SUBUR NEGRE.
Sólo una extraña
Autora: Úna Fingal
Editorial: Octubre Negro Ediciones
Antes de entrar en “Solo una extraña” conviene hacer alguna reflexión acerca de la literatura y su valoración.
Frente a cualquier obra, la crítica literaria acostumbra poner unos previos calificativos de identidad, temática y género referidos a dicha obra en cuestión, olvidando que la vida (“esa vida” plural y multidimensional que aspira a reflejar la literatura en su compleja realidad) no es mejor ni peor por ser de género romántico, rosa, lírico, negro o histórico, sino que está al margen de dichos géneros, que no son más que simples etiquetas.
Tomemos por ejemplo Don Quijote de la Mancha de Cervantes…, ¿es una novela de caballería (al estilo de Amadís de Gaula), de humor (confundir molinos de viento con gigantes), de denuncia social (un loco intentando imponer justicia), de aventuras, de denuncia social (la Ínsula de Barataria gobernada por Sancho Panza), de amor (en la persona de Dulcinea del toboso), de picaresca (Maritornes, la moza de partido de la venta donde Quijote y Sancho pasan la noche)? Ciertamente es eso por separado, pero también es mucho más en su conjunto.
Lo digo porque la escritora Úna Fingal y lo que pone en negro sobre blanco es la vida en su sentido más amplio y plural, lejos de una etiqueta concreta y predeterminada. El mejor ejemplo es “Sólo una extraña”, en cuya trama hay un contexto histórico, la España de los años 40 a 60, pero también intriga, sentimientos, maldad y bondad en sus protagonistas. La Guardia Civil, el estraperlo, la figura del hereu (el primogénito que en Cataluña es el único receptor de la herencia con exclusión de sus hermanos), la calle Robadors del Barrio Chino de Barcelona, escenario del negocio carnal de baja estofa de la época.
Dicho lo anterior, y aparte de recomendaros la lectura de “Solo una extraña”, quiero decir algunas cosas sobre el oficio de escritor, y su relación con la novela de Úna Fingal.
Una novela se compone básicamente de tres elementos: la trama (los hechos y su desarrollo en el tiempo), los personajes que los realizan, y el narrador que describe la acción.
Empecemos por el narrador, que la mayoría de las veces, por no decir siempre, es una voz neutra que va dirigiendo al lector hacia los diálogos de los protagonistas, una especie de notario de lo que ocurre, pero al margen de lo que ocurre.
Muy, muy pocas veces, el narrador es uno de los protagonistas que describe lo que sucede y como lo vive. Por citar un ejemplo, “Vamos a hablar de Kevin” de Lionel Shiver, que os recomiendo leer después de “Solo una extraña”.
¿Qué ocurre cuando la novela está escrita así, en primera persona, cuando es él o la protagonista quien narra lo que vive, hace y responde a los sucesos que ocurren a su alrededor?
Pues sucede que la única, e insisto en lo de única, ventana que el autor tiene para describir la trama es la visión de ese personaje, del protagonista. Es de él de donde sale toda la información para el lector. Y así ocurre en la novela de Úna Fingal.
Y ahí no caben los juegos de manos que muchos escritores hacen (hacemos) aparecer de forma sorpresiva en las tramas dándoles la vuelta. Aunque los ejemplos son infinitos, por poner dos archiconocidos y archifamosos citaré a Agatha Christie y a Arthur Conan Doyle, cuando en la última página Hércules Poirot o Sherlock Holmes se sacan un conejo de la chistera para descubrir al asesino.
Pero en “Sólo una extraña”, tanto en la primera como en la segunda parte el narrador es la/él protagonista. Y lo que siente y llega a sus ojos y sus oídos y cómo le afecta es lo que el lector conoce, sólo, exclusivamente y únicamente eso. Sus deseos, los acontecimientos, cómo intenta influir en ellos, o le afectan etc. Con ello se consigue, asimismo, una identificación cuasi absoluta del lector con la/el protagonista.
Comparando el formato cinematográfico con el formato de la novela, es evidente que el primero es superior en medios, contacto con la realidad, etc, pero el segundo le supera en interioridad y profundidad. Lo que en el cine debe aportar el espectador (el sentido de lo que “ve” y aparece en la pantalla), en la novela lo aporta el narrador.
En el teatro, otro género “visual” como es el cine, en ocasiones esa aportación se consigue mediante lo que se llaman “apartes”. Consiste ni más ni menos que el/la protagonista se separa de la escena y a modo de confidencia suelta un par de frases dirigidas al patio de butacas para que sepa lo que está pensando. Algo que Úna Fingal, como actriz de teatro conoce perfectamente.
Volviendo a “Sólo una extraña”, destacar el esmero con que los sentimientos están descritos, tanto en la Parte Primera de la novela, cuando el narrador-protagonista es una mujer, como en la segunda, cuando es un hombre. El tono es distinto, en la Primera Parte lo importante son los sentimientos y sus efectos, mientras que en la Segunda Parte lo que manda son los hechos…, lo que responde a la diferencia que Jung estableció entre el sexo femenino y el masculino: ellas tienen los sentimientos conscientes y nosotros inconscientes, al contrario de las ideas.
Respecto del entorno de la trama, destaca en la Parte Primera la descripción que se hace de la sociedad del momento, con sus ínfulas, distinción de clases, el abismo señores/criados, el convencional, admitido y cerrado rol de la mujer y el del hombre, siempre desde esa visión intimista de la protagonista.
De la Parte Segunda, de ribetes oscuros muy próximos a la novela negra, destacar el cierre de la trama en todos sus aspectos y personajes, con un Epílogo que no deja ningún cabo suelto.
Resaltar también la portada, una femme fatal en la pose de una cobra a punto de saltar sobre su presa para clavarle el aguijón.
Una novela que vale la pena leer, tanto por su valor en sí misma como historia, como por su arquitectura y técnica literaria.
José Vaccaro Ruiz
Barcelona, 31 de marzo de 2025
